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miércoles, 25 de abril de 2018

El patchwork y Caperucita Roja.

El otro día me entretuve decorando una caja de fresas. Simplemente la pinté con pintura a la tiza en blanco y le pegué en los frontales y las esquinas unas telitas adhesivas. Lo preparé todo en rojo porque mi idea era usarla para guardar algunos de los cuentos de Caperucita Roja que vengo reuniendo desde hace años, así como pequeños objetos curiosos relacionados con la niña de caperuza roja. 


Los cuentos más pequeños caben muy bien así como algunos puntos de lectura y una preciosa colección de sellitos que me regaló mi hermana. 




Y ahí estaba repasando mis cuentos cuando me detengo a observar la colcha de la abuela que cada ilustrador pinta. Y de una cosa en otra se me ocurrió la temática de esta entrada que aglutina dos de mis pasiones: el patchwork y Caperucita Roja. 

Algunos ilustradores eligen colchas de colores lisos, en blancos inmaculados o en colores muy alegres. 








Las flores y los cuadrados son otra opción muy frecuente. 






Ferrándiz se decanta por una manta sin colcha encima, o al menos eso es lo que me parece que es.


Y Tony Wolf nos presenta una colcha con rombos que muy bien podrían ser de patchwork y un cuadro de punto de cruz en la pared. 


Siguiendo con el patchwork, la ilustración de Dorindo Carvalho bien parece una colcha de retales cuadrados. 


Donde ya no hay duda es en las siguientes imágenes con preciosas colchas sobre las camas de las distintas abuelas. 



En la siguiente pienso que la abuela se cubre con una colcha lisa y un cubrepie de patchwork. 


La maravillosa versión ilustrada por Mark Janssen incluye una colcha que aunque no es de cuadritos, opino que sí es de patchwork. 


Uno de los cuentos a los que le tengo más cariño y que pertenece a mi madre, de quien heredo el entusiasmo por Caperucita Roja es la de la Editorial Sigmar ilustrada por T. Izawa y S. Hijikata con marionetas, de tal modo que la colcha de la abuela es auténticamente una tela donde se aprecia el patchwork y el acolchado. 


Y por último la adaptación más patchwork de todas las que tengo es la premiada con el Premio Caldecott e ilustrada por Trina Schart Hyman, donde no sólo la colcha de la abuela es de un precioso patchwork, sino que todo el libro está decorado con detalles que recuerdan a bloques de retales. 


Pinchando en el enlace que os dejo aquí la podéis ver con más detalle. No obstante os pongo a continuación algunas imágenes. 





Espero que os haya gustado esta entrada un tanto diferente. Muchísmas gracias por vuestra compañía. 

lunes, 23 de mayo de 2016

Mi querida Caperucita.

¡Buenos días y buena semana! Arrancamos el lunes con un trabajo muy bonito que he disfrutado en todo su proceso. La comunicación fluida con Margarita desde que me propuso la idea hasta su entrega ha sido pieza clave para elaborar este proyecto con libertad. Entre ello, el eje central del trabajo y el destino del mismo, he gozado con cada puntada.

Margarita se puso en contacto conmigo como representante de las clases de sus dos hijos. Su idea era hacer dos delantales cuentacuentos exactamente iguales entre sí y parecidos a algunos que había visto por internet para regalar a sendas maestras. El cuento elegido: Caperucita Roja. 

Algunas que me conocéis hace tiempo habréis exclamado igual que yo: ohhhhh. Quienes sabéis menos de mí entenderéis mi sorpresa y entusiasmo repasando mis entradas dedicadas a la niña de caperuza roja. Si a ello añadimos mi admiración por la literatura infantil y el fomento de la lectura, comprenderéis que el encargo no era un encargo más. 

Sin más preámbulos os muestro la primera fotografía y poco a poco os explico los detalles. Las modificaciones a partir de la idea original no han sido pocas, y cada paso lo he meditado en base a mi propia experiencia a la hora de contar cuentos al público infantil. Por supuesto lo que es cómodo y útil para una, puede ser lo contrario para otra, pero he intentado empatizar lo máximo posible con quienes día a día realizan la hermosa y difícil labor de educar en las primeras etapas escolares. 

La modelo es la novia de un sobrino, que ayer llegó a casa en el momento adecuado, con la sonrisa adecuada y la predisposición adecuada. ¡¡¡Gracias Anamy!!!


El delantal en su lado derecho es de fieltro azul por la parte de arriba y verde en la de abajo. Todo el contorno va ribeteado con un bies rojo. Mi objetivo era usar colores llamativos y planos que despertaran la atención del público infantil. La maestra con sus alumnos, con las distintas piezas que he preparado, irá decorando el paisaje del delantal a medida que avanza en la historia. 

El largo del delantal permite jugar con amplitud, poniendo y quitando piezas según convenga.

Todas las piezas al llevar un trocito de velcro en su revés se adhieren al fieltro y la fácil movilidad permitirá trabajar el cuento de múltiples formas (inventando historias absurdas, modificando finales, etc). 


Como digo, todas las piezas son de quita y pon, de este modo el delantal no tiene elementos decorativos fijos que condicionen y puede servir para trabajar otros conceptos con piezas igualmente desmontables (tales como el cuerpo humano, las formas geométricas, o por supuesto otro cuento diferente).

Los personajes del cuento, además de poder adherirse al delantal, son marionetas de dedo que invitarán al juego y a más de una risa. 




Como sabéis que me gustan los detalles, se me ocurrió hacerle al lobo un disfraz de abuelita que quedó simpatiquísimo. 

Todas los personajes están elaborados con telas de algodón a excepción del lobo, que lo hice de fieltro para que se le pudiera poner el disfraz.
De todo el atrezzo lo que más me gusta es el interior de la casa de la abuelita, con su colcha de patchwork y el retrato de su nieta. 



El interior de la casa también es de fieltro por el mismo motivo que el lobo.
Otro detalle que considero importante es el bolsillo que lleva incorporado el delantal, útil para guardar además de todas las piezas que he preparado, algún instrumento musical que haga de acompañamiento o el libro del cuento en sí, que sirva para cerrar la actividad y contribuya de este modo a asociar lectura con libro y no sólo lectura con narración oral o teatro. 

El forro del bolsillo al no ser de algodón permite guardar las piezas sin que el velcro se pegue continuamente al fieltro. 
El delantal tanto a la cintura como al cuello va atado con el bies rojo, para que se adapte a todos los cuerpos y no quede demasiado corto o largo de cintura y de pecho. 


Y un último detalle es el revés del delantal. Con loneta azul y un gran bolsillo central, permite su uso para cualquier otra actividad. Sin restar protagonismo al lado principal, ha quedado también muy bonito.


Es en el revés donde he puesto mi firma, junto al bolsillo.


Para una de las maestras me pidieron que bordara el nombre de la clase, es un bonito recuerdo de la promoción. Elegí también el revés, pienso que así queda presente pero sin destacar. 



Desde aquí doy las gracias a todas las familias que a través de Margarita me han contagiado su entusiasmo y confianza. Dejo de recuerdo algunas de las fotos que hemos compartido estos días. 

Mil gracias por vuestra compañía y ¡¡feliz semana!!

miércoles, 24 de junio de 2015

Pequeños grandes regalos.

¡¡¡¡¡Mirad lo que me han regalado!!!!!


Algunas diréis: ¡¡y tanta exclamación por un Pinypon de Caperucita!! Sobre todo lo pueden pensar las seguidoras más recientes, porque las veteranas sabéis que colecciono cuentos de Caperucita (pinchando aquí las podéis ver). Así que ahora entendéis mi sorpresa cuando el otro día fui a recoger mi correo y me encuentro con esta sorpresa. 

Pero no he acabado, también me han regalado este precioso marcapáginas. 


Lo he colocado para hacerle la foto en mi primer cuento de Caperucita, al menos el primero del que tengo recuerdo. 

Ah, y sí, la de la foto soy yo de pequeña. Y es que ahí es donde he puesto mi regalito, junto a mi foto sobre la chimenea. Hay quien pone en un lugar así un reloj, un florero o la fotografía del día de la boda, pero yo tengo puesto desde hoy mi Pinypon de Caperucita, ea!!!

Gracias, Pilar y Bego, gracias. 

lunes, 25 de mayo de 2015

Rojo, blanco y negro.

Hace mucho tiempo que no dedico una entrada a Gotas de Caperucita, pero hoy tengo dos buenas excusas para hacerlo. 

Esta es una de ellas.


Es la útlima Caperucita que me han regalado. ¡Y es una pequeña obra de arte!

Es un libro acordeón que combina el negro, el rojo y el blanco. Diseñado para jugar con las sombras, es un alarde de creatividad y recrearse en los detalles bien puede ocupar una tarde. 

A partir del texto original de Perrault, el lobo se come sin remedio a niña y abuela, pero la ilustradora lanza un guiño en la última imagen donde según la veamos, están tragadas por el lobo feroz o juntas y libres en la naturaleza.


La segunda excusa es otro regalo que me vino envuelto de macramé, pues mirad la preciosa funda que mis amigas le hicieron al cuento.


Ya os he hablado de estas clientas-amigas en otras ocasiones, pues más de una vez me han abrumado con sus regalos, como esta funda que yo uso para guardar los cuter:


o esta lámpara para mi mesa de costura, que me mandaron desde Barcelona.


En esta ocasión, la funda que me han hecho contiene esta Caperucita:


Se trata de una versión absolutamente audaz. Con texto renovado, donde la niña engaña al lobo con un caramelo envenenado para su mal aliento, el trazo suelto de la ilustradora simplifica en rojo, negro y blanco la historia conocida por todos, pero versionada a favor de Caperucita. 


Me doy cuenta que ya nunca me compro una Caperucita, siempre me las regalan. Y es que quienes me conocen, saben que es un regalo siempre muy bien recibido.

Y os dejo, que sigo entre telas, ¡nos vemos muy pronto!

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