lunes, 5 de diciembre de 2016

De nombres y tradiciones.

Poco más de veinte años tenía yo cuando mi tía me regaló un anillo con mi nombre grabado de cuando ella tenía mi misma edad. Compartimos nombre y me explicó que lejos del valor económico, era un regalo simbólico. Y con esa misma intención soy yo ahora quien se lo regala a la niña de mi primo, la más pequeña de la familia. Acaba de nacer y han decidido ponerle el mismo nombre de su abuela, mi tía.


Para entregárselo pensé que algo debía hacer, algo que distinguiera al anillo de otros regalos, que lo dotara de ese sello simbólico perpetuable que tanto me gusta en los regalos. Finalmente le hice algo sencillo, acorde con el estilo del contenido: una bolsita donde el anillo se conserve a partir de ahora como dice mi primo, como una reliquia familiar. Porque lo que hoy es antiguo ayer fue nuevo. Y aunque el anillo aún no lo considero antiguo, aspiro a que algún día sí lo sea.


Rocío, un nombre que entró en la familia por deseo de mi abuela, que procediendo de tierras cacereñas y quedándose embarazada en las tierras andaluzas donde entonces vivía por traslado profesional de mi abuelo (Moguer, Huelva), quiso llevarse un recuerdo del lugar donde fue tan feliz. Un nuevo traslado se acercaba y existía la posibilidad de que el destino fuera en cualquier lugar de la geografía española. Es así que decidieron que el recuerdo fuese el nombre de la más pequeña. Finalmente el nuevo domicilio continuó en tierras andaluzas (Sevilla) y el nombre se convirtió en tradición familiar. Si hubiera sido niño no sé qué nombre hubiesen elegido que les recordara a Andalucía.

Mucho ha cambiado mi mano, que el anillo casi ni me entra en el meñique.
Si yo hubiese sido niño alguna vez he escuchado por casa que mi madre se decantaba por Javier pero que a mi padre no le convencía. Finalmente se lo puse más fácil a ambos. A mi madre le gustó continuar con el nombre que ya era parte de la familia. Y a mi padre le entusiasmaba la idea de que su hija se llamara como uno de los regalos de la naturaleza que más le gusta: el rocío de la mañana.

Así que ya veis, no todas las andaluzas que nos llamamos Rocío somos romeras. Que muy bien podría serlo, y con orgullo lo disfrutaría, pero no es mi caso. Que mis gotas son de homenaje a una tierra a la que llegaron y en la que se quedaron mis abuelos. Gotas que cubren cada mañana el paisaje y que mi padre quiso condensar en la más pequeña de sus hijos.

Feliz semana a tod@s.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Las pequeñas, que no las consentidas.

Laura es la hermana pequeña de Martina y ella no podía ser menos, así que igual que la hermana mayor ella tiene su mochila y su cojín personalizados al estilo de mis gotas. 


Para la mochila la tela escogida es esta de personajes de cuentos que tantas alegrías me está dando.


Las asas regulables y reforzadas con guata de algodón en su interior.


El nombre destaca lo justo y preciso, pues así lo queríamos.


Y el interior con vichy en rojo, que me parecía muy apropiado para la cestita de Caperucita o el mantel de los tres osos. 


Un bolsillo en el lateral siempre es cómodo. 


Para el cojín, una tela muy alegre de mariposas y las letras aplicadas con la misma tela del cojín de la hermana. 


Pues lo dicho, que no nos olvidemos de las hermanas pequeñas, que no siempre la fama de caprichosas o consentidas se cumple, y muy al contrario a veces observo que los padres destapan el tarro de las esencias con los mayores y lo más divertido se reserva para los primeros años de paternidad. ¡He dicho! jajaja. A ver qué opináis vosotras, pues de todo habrá. 

Por cierto, os dejo las fotos de la mochila y cojín de la hermana que ya preparé hace algunos años. 



¡¡Feliz semana!!

sábado, 19 de noviembre de 2016

El cálido invierno.

En casa todavía somos de aquellos que usan bombonas de butano. En nuestro caso es tremendamente útil ya que vivimos en el campo y los suministros no son igual de fáciles que en una ciudad. Es así que la energía fotovoltaica, eólica y solar térmica la complementamos con el gas. Nos permite autonomía en muchos sentidos y eso, para nosotros, es importante. 


Este año hemos comprado estufas nuevas que obligan a tener la bombona a la vista, con lo cual había que ponerle remedio a tal adefesio. Conocía unos mueblecitos de madera que existen para tal fin y que hacen de mesita auxiliar, pero la verdad es que no los he encontrado en ningún sitio. Así que se me ocurrió hacer yo misma unas fundas. 


La más bajita es la que primero preparé y sirve para guardar la de repuesto. He usado un paquete de Jelly Roll y el contorno ha encajado de maravilla en medidas. 


Para la parte superior busqué entre mi cuaderno de citas alguna frase que tuviera cierta relación con el invierno y esta de "El gigante egoísta" de Oscar Wilde me pareció muy adecuada. 


Ambas fundas tienen sus fallos, pero como siempre me decís que sólo se notan porque los digo, pues no os los voy a decir y así algunas no os daréis ni cuenta, jeje. 

La siguiente foto no es un fallo, sino todo lo contrario, y es que estoy muy satisfecha de cómo me ha quedado la costura de unión, pues si bien no están perfectas las uniones, casi. 


La segunda funda es un poquito más alta porque no es para la bombona de repuesto, sino para la que está en uso y la caperuza le añade altura. Como adorno decidí hacer una aplicación a festón de un dibujo floral geométrico, sobre el mismo lino que usé para bordar el texto de la otra funda. 


Si os fijáis, en el círculo central hay un ojal que he abierto para poder abrir o cerrar la bombona sin necesidad de desenfundar. 



Si sigues mi página de facebook o de Instagram se te habrán despejado muchas dudas que tendrías a raíz de algunas fotos que he publicado últimamente. Y si no eres seguidora, ¿a qué esperas? La verdad es que actualizo más contenidos en las redes sociales, pero sin abandonar nunca el blog. En todas partes serás bienvenid@ y me encantará recibir tus comentarios. 

Aquí os dejo esas fotos que os digo.







Y por hoy nada más, que es sábado y me voy directamente a la chimenea, ¿será por variedad energética? Muchísimas gracias por vuestra compañía. 

viernes, 11 de noviembre de 2016

Innovando, disfrutando y sufriendo.

Este último portadocumentos que me encargaron es para una persona especial, así que debía ser especial. Como característica peculiar, se trata de un regalo para tres hermanos (dos niñas y un niño) de edades diferentes (8, 6 y 0 años) (perdón si me he equivocado en las edades de los mayores). Complicado ¿verdad? Le di vueltas, más vueltas, me dormía pensando en el tema y me despertaba con el mismo pensamiento. Finalmente me decidí a mezclar telas con la técnica "Quilt as you go", usando tonos suaves donde predominaran los azules y verdes con un toque de rosa. Los nombres en la trasera, sobre un corazón de lino y un botón de madera como adorno junto a mi gota. 


Deseché los tradicionalmente colores neutros (camel o gris) porque iba a quedar demasiado bebé. 


Para el interior deseché el rosa pues quedaba demasiado femenino y combiné tres telas azules, ya que me parecía apropiado continuar combinando diferentes telas. 


La funda plastificada en esta ocasión es mate, y me parece preciosa. 


Ninguna tela está puesta al azar, y si además de dos niñas y un niño aparecen un patín y un cupcake es porque así debía ser. 


Os dejo una última foto con el portadocumentos abierto donde se puede ver bien la composición en su totalidad. 


He disfrutado y he sufrido con este portadocumentos, innovando, probando y arriesgando.

Con los siguientes portadocumentos no he innovado pero os aseguro que sí he disfrutado, pues me resultan un trabajo de lo más gratificante. 

Tanto cuando se trata de modelos clásicos como este para Ana en tonos rosas. 



O este otro para Álvaro y Claudia. 



Y por supuesto, también disfruto cuando las telas escogidas son tan bonitas como esta, que con el bies en amarillo quedó un portadocumentos precioso. 



A todas quienes se acuerdan de mí para sus regalos a recién nacidos, muchísimas gracias.

Y siendo viernes me despido con un ¡¡¡¡feliz fin de semana!!!!

lunes, 7 de noviembre de 2016

De tapete a mantita.

Aunque sin mucho detalle os he dado en los últimos meses pinceladas de algunos cambios en mi vida y mi casa. Mi padre se vino a vivir con nosotros en agosto y le cedí mi cuarto de costura, es así que mis cosas las instalé en una habitación diferente de la planta de arriba y que cuando termine de preparar os enseñaré. En este tiempo ha sido prioritario acomodar a mi padre. Trasladar muebles, comprar otros, enmarcar cuadros, pintar paredes o hacer cambalaches varios no es nada interesante para contar ni tiene nada que ver con la costura, pero lo último que he preparado si tiene relación con este blog y es lo que me dispongo a contaros. 

Se me ocurrió adaptar un tapete que les hice a mis padres hará dos o tres años con precortados en azules y rojos para la mesa de camilla. En nuestra nueva situación, pensé que una buena idea sería convertirlo en una mantita para ponerla a los pies de la cama de mi padre en su estrenada habitación. 

Recordé que aún me quedaban algunos retales de la colección y el viernes pasado le hice un cojín a juego. 


Ha quedado muy alegre y acogedor, coordinado pero sin exceso, que a mí eso me echa para atrás. 


Como veis, o si no se ve bien yo os lo explico, la trasera de lo que era un tapete ahora es una mantita de color gris que cumple perfectamente su cometido. 

Y si tenéis curiosidad de saber cómo era el tapete original, aquí os dejo un par de fotos. 



Y sigo adaptando telas, acomodando pensamientos, dándole nueva vida a lo que parece ya no sirve, pues todo sirve, sólo hay que adaptarse a las nuevas situaciones que cada día nos tiene reservadas. 

Os deseo una magnífica semana. 

jueves, 3 de noviembre de 2016

De lugares y telas.

Si antes digo que no me gusta demasiado viajar, antes me voy de viaje. Pero una vez al año y por poco tiempo, nunca viene mal. Y si además me traigo recuerdos relacionados con la costura, pues mucho mejor. Y eso es lo que os voy a contar hoy. Contar y por supuesto, mostrar en fotos. 

Este puente pasado decidimos conocer al fin La Alberca (Salamanca). Y digo al fin porque Luis tenía muchas ganas desde hacía tiempo. Después de las curvas y el consiguiente mareo, el destino no  nos decepcionó en ningún sentido. 

El hotel, de los que llaman con encanto, realmente lo tenía y si no, mirad.


Después de leer esto, por supuesto tuvimos no un poco, sino mucho cuidado en doblar la preciosa colcha. 


En la recepción del hotel había algunos trabajos más con la técnica propia del lugar. Y en ese momento me acordé de vosotras. 




Precioso lugar La Alberca, donde nada desentona, donde lo antiguo perdura y lo nuevo se adapta. 


Y de La Alberca a Oporto. A sorprendernos con su ambiente, a contagiarnos de su alegría, a pasear por sus calles, y a sentarnos a merendar en cafeterías como esta, donde la carta la ofrecen en una carpetita de tela. 


Donde por cierto, todo el que pasaba miraba para arriba, ponía cara de asombro y hacía una foto. Yo llegué tan cansada que ni me fijé y sólo cuando nos íbamos levanté el cuello, puse cara de asombro e hice la correspondiente foto. 


Esa misma tarde di un frenazo ante una tienda, toda monísima, coqueta y llena de telas. Se trata de la Retrosaria das Flores


Me llamó la atención una tela que ya había visto confeccionada en varias tiendas de artesanía, así que me compré un poquito.


Queréis ver la tela, ¿verdad? Así doblada no dice nada. 



Como veis reproduce las típicas casas de la Baixa. Me pareció una forma muy original y con gusto de promocionar el lugar. Y había que conocer el lugar ¡ya! Así que continuamos nuestro paseo hacia el Douro y sus  casas llenas de colorido y alturas diferentes, ropa tendida y vida. 


Fue al día siguiente al cruzar la orilla cuando aprecié bien las fachadas que la tela reproduce. 



Desde el autobús me dio tiempo a fotografiar una de las muchas tiendas que ofrecen productos artesanales hechos con la misma tela que yo compré (bolsas, mochilas, delantales, bolsas de aseo...). Algo me haré yo, no sé el qué, pero algo que me recuerde a estos estupendos días que hemos pasado desconectando de la rutina a la que luego me gusta tanto volver, y de la que disfruto aún más después de conocer lugares diferentes. 


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